lunes, 23 de marzo de 2026

Tetuán en la lluvia

Tetuán en la lluvia.

Justo antes del atardecer pajarucos y pajarotes se liberan de un peso invisible, abandonan las ramas y echan a volar. Es la hora montaraz de gaviotas, garcillas y cuervos, y otros mil alados que celebran la luz venida del mar, esa que se abre paso a través del monte Gorges: acabó la lluvia, por fin se levantó la cortina espesa que borraba el mundo.

Aguaviento contra paraguas, ventanales para seguir el curso de las gotas que transforman la realidad. Porque nada es real bajo la lluvia, salvo el café plácido de aire pretérito, donde el tiempo rebota de una a otra pantalla: la de la lluvia, la de la televisión.

Llueve, hoy no pastarán los corderos en el cementerio; hoy solo rumia un burro en el inmenso camposanto musulmán, abierto a los vivos y al aire.

En cambio, pequeño y cerrado, es el cementerio español: sepulcros personales de altos mandos y funcionarios, más tumbas colectivas con nombres de batallas, donde se han reunido los restos dispersos de héroes a los que nadie recuerda. Tristes guerras; olvidados los barrancos de sangre, dudosos los  protectores y los protegidos, indudables solo los muertos.

Singular Protectorado aquél, en el que vivió un mi pariente antiguo (Ginés Peregrín Peregrín), docto en lenguas del Rif.

Me pierdo por la medina, sinuoso entramado comercial bajo arcos, aleros y toldos que mitigan la lluvia, pero no la evitan.

Zoco, plazas, ensanche español, una iglesia con cruz. Edificios empapados, pavimentos brillantes donde cobran importancia desmedida los faros de los coches.

Continuo bullicio de gentes. Venden, compran, trabajan… Se apresuran en su camino a casa.

Tetuán. Apenas lo conozco; pero sé mucho de su lluvia y algo del milagro de sus claros.

1. Alegría, por la luz, al fin escampa.

2. En las ramas descansan, momentáneamente, las garcillas.

3. Los árboles y las paredes todavía empapadas.

4. El cielo aclara. Volamos.

5. Elegante ventana de un café.

6. A mares. Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias, al fondo. Más que victoria, triunfalismo.

7. ¡Cualquiera sale!


8. Cada vez llueve más, pero dentro nos mantenemos resguardados y observamos la vida.

9. No hay prisa.

10. La noche y las luces.

11. Un rato de maravillosa luz.

12. Camino entre las barriadas altas y la ciudad.

13. Cementerio musulmán, en las laderas del monte Dersa.

14. La medina, mil veces mejor que unos grandes almacenes cerrados.

15. Medina. Esta de Tetuán forma parte del Patrimonio de la Humanidad, por su trazado, que corresponde a la antigua ciudad del siglo XV.

16. Medina.

17. Medina. Un goce por colores y formas; cierto que podría estar mejor cuidada, pero conserva lo principal: antigüedad y vida.


18. Comercios de todo tipo, aunque llueva.

19. Hay modelos para elegir.

20. Entre un chubasco y el siguiente. Plaza de Hassan II.

21. La ciudad actual, como todas, aunque tiene rasgos peculiares.

22. Una hermosa luz en esta calle que desciende al valle y al parque de los pájaros.

23. Alimentos, muy frescos.

24. Gatos a su aire, por todas partes. Independientes, pero cuidados por la comunidad.

25. Espera.

26. La hora de volver a casa.

27. Cementerio español.

28. Cementerio español, sector militar.

29. En el letrero "Grupo José A. Primo de Rivera", un resto de la época del Protectorado.

30. Hacia esas montañas del fondo, las del Gorges, acaban volando las aves.

31. Viviendas populares -pobres, tal vez-, pero en un lugar hermoso.

Conclusión: Tetuán tiene encanto, incluso bajo la lluvia. 



































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